Giovane e allegro, con una continua voglia di ridere e scherzare, di conoscere e di crescere. Mi porta subito a fare un giro per il campus universitario e chiacchieriamo e ridiamo del mio inglese e del mio arabo. Si crea subito una bella intesa, mi sento accolta, mi sento sin da subito felice d'essere lì. Impeganto per i preparativi del campo, mi lascia con i suoi amici: Lamis, un altro Ahmad e in poche ore conosco già un sacco di ragazzi e ragazze, di vite diverse. Tutti vogliono sapere cosa si dice all'estero di loro, tutti vogliono conoscere cosa c'è fuori dai confini, cosa si fa, cosa si pensa, come...
Eccomi subito immersa! Fino a sera continueranno ad arrivare tutti i ragazzi internazionali ed io avevo voglia di conoscere tutti! Ma nel frattempo sentivo d'aver trovato già un nuovo amichetto: my first palestine friend!
Ahmad abu Daqa. Mi manca.
Llego a la oficina de Ghaada [una mujer muy ocupada, detrás de su ordenador. Joven, guapa, con un aire seguro y un inglés inseguro. Una mujer casada, con tres hijos pero muy independiente. Sin velo. Muy simpática y desorganizada, atactiva y reservada, siempre alegre. Será también una dulce amiga.] y entre todos los chicos que estaban allí organizando los últimos detalles del campo, Ahmad abu Daqa fue mi primer amigo palestino.
Joven y alegre, con las risas y las bromas fáciles, con ganas de conocer y crecer. Me lleva en seguida a dar una vuelta por el campus y charlamos y nos reímos de mi inglés y de mi árabe. Se crea desde el primer momento una bella intesa, me siento bien acogida y me siento ya feliz de estar allí. Ocupado con los prepaprativos del campo, me deja con sus amigos: Lamis, otro Ahmad y conozco enseguida un montón de chicos y chicas, vidas. Todos quieren saber qué se dice de ellos afuera en el exterior, qué es lo que hay afuera de las fronteras, qué se hace, qué se piensa, cómo...
¡Ya me había imergido! Hasta la noche seguían llegando todos los chicos interacionales y tenía ganas de conocerlos a todos! Pero, mientras tanto, sentía que ya tenía un nuevo amiguito: my first palestine friend!
Ahmad abu Daqa. Lo echo de menos.

Eravamo tantissimi ragazzi: tanti palestinesi e poi americani, tedeschi, spagnoli, italiani, inglesi, francesi, autriaci, svizzeri, svedesi... Per parlare di tutti loro mi ci vorrebbero pagine intere ed ore, ore, ore... ed anche un miglior inglese! :( Avrei potuto conoscere meglio tutte queste belle persone se il mio inglese non fosse così precario. Un peccato. Erano tutti diversi ed interessantissimi, accomunati da un grade interesse per conoscere la Palestina e la vita dei nostri amici palestinesi.
Eramos muchos: muchos palestinos y también estadunidenses, alemanes, españoles, italianos, ingleses, franeses, austriacos, suizos, suecos... Para hablar de todos necesitaría páginas y páginas y horas y horas... y también un mejor inglés! Habría podido conocer mejor a todas estas personas si mi inglés no fuese tan débil. ¡Una pena! Eran todos diferntes y muy interesantes, unidos en la curiosidad por conocer la Palestina y la vida de nuestros amigos palestinos.
Tutti insieme siamo andati a Ramallah, nel primo campo di rifugiati che abbiamo visitato e lì: i bambini. Lascerei ad un altro momento e ad un altro contesto il discorso politico, il ricordo più bello è il volto di Shahad. I bambini scatenati ci prendevano le macchine fotografiche e facevano foto a tutti all'impazzata, le bambine, in generale più tranquille, giocavano con noi, ci dipingevamo faccia mani e braccia in uno scambio dolcissimo di colori, significati ed affetto.
Cosí mi sono ridotta. Ed ero felice. Lí, dove questi bimbi giocano alla guerra, e vivono la guerra. Dove questi bimbi sono rinchusi e a 5 anni scrivono sui muri "falastiin". Abbiamo giocato con tutti i colori dell'arcbaleno, ma questi bimbi cercavano subito il verde, il bianco, il rosso ed il nero.
La sensazione era di andarli a trovare in una carcere.
C'era shahad là. E c'era quell'altra bambina cui non sono riscita a strappare neanche una parola, ma che mi ha strappato una lacrima disperata con quella sua espressione triste, senza rimedio.
Todos juntos fuimos a Ramallah, al primer campo de refugiados que visitamos y allá: los niños. Dejaría a otro momento y otra ocasión el discurso político, el recuerdo más bello es el rostro de Shahad. Los niños desenfrenados nos cogían las cámaras y hacían fotos a todos, las niñas, en general más tranquilas, jugaban con nosotros, nos pintaban la cara, y los brazos en un dulce intercambio de colores, significados y cariño.
Así acabé. Y estaba feliz. Allí, donde estos niños juegan a la guerra, y viven la guerra. Donde estos niños están encerrados y escriben en los muros, con sus 5 años, "filastiin". Jugamos con todos los colores del arcoiris, pero ellos buscaban siempre el verde, el blanco, el rojo y el nero. Parecía de ir a verlos en una cárcel.
Allá estaba Shahad. Y estaba esa niña a la que no pude arrancar ni una palabra, pero que me arrancó a mí una lagrima desesperada con su expresión triste, sin curación.


Lì, dove crescono questi bambini -pieni di vita e riempiti di morti-, invecchia con tenacia una signora che è dal '48 che non può piú tornare a casa dopo esserne stata cacciata. Suo marito perse ovviamente il lavoro. Questo é il secondo campo di rifugiati in cui vive, vedova, con i figli e i nipoti. Vedova, con i figli, ma non tutti: uno è ormai in cielo, martire di una guerra senza fine, martire, assassino non solo di sé stesso. La sua immagine è su i muri delle case, sulle magliette dei suoi figli e nipoti, sul ciondolo che la sua mamma porta al collo con orgoglio. Lui se n'è andato e con se ha trascinato altre vite, altre persone, sulla via del non ritorno, sulla via di una guerra senza fine, sulla via della non speranza.
Degli eroi come lui sono pieni gli occhi di questi bambini, occhi che guardano e ascoltano con ammirazione, che giocano, vedono, ascoltano e conoscono la morte, come noi le fiabe. Gli occhi di questi bambini sono spesso opachi: è poca la speranza.
Allá, donde crecen estos niños -llenos de vida y llenados de muerte-, envejece tenáz una señora que desde el 1948 no puede volver a su casa, de donde fue expulsada. Su marido perdió el trabajo. Este es el segundo campo de refugiados en el que vive, viuda, con hijos y nietos. Viuda, con los hijos, pero no todos: uno ya está en el cielo, martir de una guerra sin fin, martir, asesino no sólo de si mismo. La imagen de él está en los muros de las casas, en las camisetas de sus hijos y sobrinos, en el colgante que su mamá lleva al cuello con orgullo. Él se fue y con él se ha llevado otras vidas, otras personas, en el camino sin regreso, en el camino de una guerra sin fin, en el camino sin esperanza.
De héroes como él se llenan los ojos de estos niños, ojos que miran y escuchan con admiración, que juegan, miran, escuchan y conocen la muerte como nosotros los cuentos. Los ojos de estos niños son opacos: es poca la esperanza.



Triste la historia de esta mujer, verdad? Como tantas otras...
RispondiEliminaMe leo en tus palabras :)