Ed io non sono più là, ma non sono ancora riuscita ad andarmene davvero. Non voglio andarmene. Passeggiavo per strada un giorno, a Ramallah, siamo passati in gruppo, nelle strade affollate, di fianco a dei giovani ragazzi, che -come spesso accade- hanno cominciato a guardare questo branco d'occidentali ed a ripetere "Wellcome! Wellcome!" a tutti quelli che passavano affianco a loro. In fondo c'eravamo io e Beesan, una ragazza palestinese che vive negli Stati Uniti: i ragazzi ci guardano e invece di dire "Wellcome!", sussurrano in arabo (me lo ha tradotto Beesan): "Ah! no, queste due sono di qui."
Immaginatevi il sorriso orgoglioso sul mio volto.
Lí mi sono fermata. E forse solo oggi ho ricominciato a tornare, prendendo coscienza della mia casetta, della mia vita e dei miei doveri giornalieri e sentendo l'abbraccio di chi, qui, fa parte della mia quotidianità, qui, dove vivo, ora. Solo oggi ho ricominciato a pensare, a programmare, ad immaginare quel che mi aspetta, a raccogliere forze ed entusiasmo per questo nuovo anno -fino alle prossima estate-, costellato di buoni propositi e basato su una nuova certezza: la Palestina c'è. L'ho vista e sentita e non la posso dimenticare. Quest'esperienza ci sará tutti i giorni, sotto forma di ricordo, di interesse, di curiosità, della speranza...
E non solo c'è la Palestina come entità astratta o fisica o lontana, ma ci sono anche tutti i volti delle persone che per me sono stati La Palestina.
Non riuscirei ad elencarli tutti, ma tutti li ricordo, con quello che mi hanno insegnato e quello che abbiamo condiviso, con le danze e le risate ed i grandi discorsi... gli abbracci ed i pianti. [Grazie di cuore!]
Mi tengo tutto quello che abbiamo vissuto e mi fermo qui, con quelli che con me torneranno, con quelli che sentirò ogni tanto -e mi emozionerò-, con quelli che ci aspettano.
Torno -felice- e saró felice di tornare.
[¡Qué difícil cerrar este blog!] Cuando me fui, presa de miles de miedos, sabía que tenía que ir, sabía que me lo debía, era un deseo profundo y antiguo. Desde 1995 esa tierra era un poco parte de mí. Ahora algo ha cambiado: lo que he visto sigue Existiendo, antes también existía, pero ahora, también para mí, Es.
Y yo ya no estoy allá pero aún no he conseguido irme de verdad. No quiero irme. Paseaba por la calle un día, en Ramallah, pasamos en grupo, por las calles abarrotadas, al lado de unos jovenes chavales, quienes -como pasa a menudo- se pusieron a mirar a este atajo de occidentales y a repetir "Wellcome! Wellcome!" a todos los que les desfilaban por delante. Al fondo estábamos Beesan -una chica palestina que vive en los EEUU- y yo: los chicos nos miraron y en cambio que decir "Wellcome!", susurraron en árabe (me lo tradujo Beesan): "ah! no, estas son de aquí."
Imaginaos la sonrisa orgullosa en mi cara.
Allí me quedé. Y quizá sólo hoy he empezado a volver, tomando conciencia de mi casita, de mi vida y de mis deberes diários, y sintiendo el abrazo de quien, aquí, es parte de mi cotidianidad, aquí, donde vivo, ahora. Sólo hoy he vuelto ha pensar, planear y organizar lo que me espera, a recoger fuerzas y entusiasmo para este nuevo año -hasta el próximo verano-, lleno de bueno propósitos y de una nueva certeza: Palestina existe. La he visto y sentido y no la puedo olvidar. Esta experiencia estará aquí conmigo todos los días, bajo la forma de un recuerdo, de un interés, de una curiosidad, de la esperanza...
Y no sólo la Palestina existe como entidad abstracta, o física, o lejana, sino que existen también todos los rostros de las personas que para mí han sido La Palestina.
No podría enumerarlos todos, pero todos los recuerdo, con todo lo que me han enseñado y que hemos compartido, con las danzas, las risas y los grandes discursos... los abrazos y los llantos. [¡¡Gracias!!]
Me quedo con todo lo que hemos vivido y me quedo aquí, con los que volverán, con los que me darán noticias de vez en cuando -y me emocionaré-, con los que nos esperan.
Vuelvo -feliz- y estaré feliz de volver.





























